Cuan dulces llegan al alma
Tus rayos, oh de la noche 
Reina hermosa,
Mientras por el cielo en calma
Llevas tu argentado coche
Silenciosa

Oh la paz de tu reinado
Ni el homre a turbar se atreve,
Ni la fiera:
El eco duerme callado,
El céfiro no conmueve
La pradera